"Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Único" (Jn 3,16) El Hijo de Dios, La Palabra acampó entre nosotros, se preparó una tienda de carne para estar, en nuestra travesía de la vidad, junto a nosotros.

La Palabra que existía desde el principio y estaba junto a Dios, nacida de las entrañas ardientes del Padre, tomó carne en las entrañas de la Virgen María.

La Palabra era la belleza en el seno del Padre, todo se hizo por ella y ahora manifiesta su belleza en el seno de la madre.

Bello en la gloria, bello en el viente. La belleza hecha carne es el amor más grande encarnado. "Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Único" (Jn 3,16) 

La Palabra-Hijo de Dios se hace pequeño, se hace niño y ternura. Es Emmanuel: Dios-con-nosotros, hermano y amigo.

"¡Oh admirable comercio!": Dios se ha humanizado para que el hombre se divinice.

El hombre salió ganando. ¡Qué Amor!

Puso aquí su tienda entre nosotros. Probable alusión a la tienda del encuentro, que acompaño a los israelitas por el desierto y, luego, en los campamentos.

Ahora la tienda es el Cuerpo de Cristo con sus puertas abiertas a todos los hombres, especialmente a los que se hacen pequeños y a los que aman lo pequeño, al pobre, al excluido.

Jesús puso su tienda:

Ella ofeció su vientre y sus entrañas virginales con todo su ser: "¡Hágase!" El vientre de María hizo posible los esponsales de Dios con la Humanidad.

"¡Aleluya!
¡Ha empezado a reinar
el Señor nuestro Dios,
soberano de todo!
Hagamos fiesta, saltemos de gozo
y démosle a él la gloria,
porque han llegado las bodas del Cordero.
La esposa se ha ataviado,
le han regalado un vestido
de lino puro, esplendente.(Apoc. 19, 6-8)

El pesebre fue una tienda pobre, fría. En el pesebre aparece la pobreza escogida por el Señor y su unión con los que padecen hambre, marginación, exclusión de la sociedad.

No se parecía mucho a nuestros belenes y mesas navideñas.

En medio de la Iglesia, grupo de creyentes, siempre está naciendo Jesús. Él, cada día, se sienta a la mesa, parte el pan, se convierte en alimento, luz, fortaleza, consuelo y aliento para nosotros, sus amigos. Algún teólogo ha llamado a la Iglesia "la permanente encarnación del Hijo de Dios"

La Palabra que se hizo carne se deja comer creando unión y fraternidad. La mesa de la Eucaristía nos lleva a compartir nuestros bienes de tal forma que el mundo sea una gran mesa común, donde todos participen de los bienes creados por Dios para todos y donde cesen las rivalidades, guerras, enemistades... convertidas en abrazo común de paz.

Si Cristo nace y vive pobre es porque quiere que le veamos a Él cuando miremos a los pobres. Ellos son como una especie de "sacramento".

"Lo que hicisteis a ellos, me lo hicisteis a mí", dirá el Niño Dios cuando se hizo mayor:

"Cuando este Hombre venga con su esplendor acompañado de todos los ángeles, se sentará en su trono real y se reunirán ante él a todas las naciones... Entonces dirá el rey a los de su derecha:

Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteris de beber, fui extranjero y me recogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a verme...

Cada vez que lo hiscisteris con un hermano mío de esos más humildes, lo hicisteis conmigo" (Mat. 25, 31)

"Se hace la Nacidad
con Justicia, con equidad,
con respecto y solidaridad"