Junio - Julio 2014

Lo que la desconfianza escondeHay ocasiones en las que creer en el ser humano se nos antoja complicado, otras nos trastocan tanto nuestros cimientos que perdemos totalmente el rumbo de la confianza cayendo en tal deriva que, mirar atrás, nos duele mientras que, mirar hacia adelante, nos es totalmente imposible porque ni tan siquiera queremos ver.

En las relaciones humanas nos vemos tan vapuleados tantas veces que la quebradiza línea de la confianza, cuando se rompe, de querer unirla de nuevo tenemos que hacer un nudo y ese nudo, tan pronto corredizo como tenso, es el que nos complica las cosas a la hora de ser justos.

Vacaciones y los niñosYa finalizo el mes de mayo, ese mes tan hermoso que se dedica a las flores y a nuestra Madre divina y celestial la Virgen María. Al mismo tiempo, clausuramos las clases de catequesis parroquial.

Entre estos dos meses de primavera, los niños de tercero de primaria hacen su primera comunión, es su mayor contacto con nuestro Amigo Jesús; aprenden a ser templos vivos del Cuerpo de Cristo y a poner todo su ser en gracia de Dios. Son fechas de gran significado y crecimiento espiritual para nuestros pequeños.

Jesús el AmigoPara Santa Teresa, Jesús es el gran Amigo del que no quiere separarse, aconsejando a sus monjas que también le tengan por Amigo. A Jesús le llama de muchas maneras y modos: Amado, Cordero, Crucificado, Dechado, Enseñador, Esposo, Huésped, Juez, Maestro, Redentor, Rey, Salvador, Zagal y, sobre todo, Amigo Bueno.

Bueno, porque no es como los amigos del mundo, que nos pueden traicionar, y no pocas veces se aprovechan de nuestra amistad para sus negocios y dineros. Se pone muy seria la Santa cuando habla de las malas amistades y señala los indicios de las mismas. Jesús es un buen Amigo del que no debemos separarnos nunca y al que debemos acudir, sobre todo, en los momentos de adversidad física y espiritual.

María y las virtudes teologalesContemplo, desde mis ochenta años, el catecismo del padre Ripalda y me doy cuenta de la forma tan sencilla que recibíamos una clase de catequesis profunda.

Allí se nos contaba que las virtudes teologales son tres: fe, esperanza y caridad. Luego, se iban desarrollando con palabras a nuestro alcance.

Intentaré ahora contemplar cómo María vivió estas tres virtudes de una forma total; siempre me ayudará a entenderlas mejor.

Empezaré con la fe: como la aceptación de aquello que no vemos, pero creemos como Palabra de Dios.

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