Llevar el ritmo de Dios
Santo Evangelio según San Lucas 18, 1-8. Sábado XXXII de Tiempo Ordinario.
Por: H. Rogelio Suárez, L.C. | Fuente: missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús, gracias por todo lo que me has concedido y me concedes en cada momento; gracias por enseñarme a rezar sin desesperarme; dame la gracia de esperar sin desconfiar y amarte en cada momento. Aumenta mi fe, mi esperanza y mi caridad por Ti.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)



Del santo Evangelio según san Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:

"En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: 'Hazme justicia contra mi adversario'.

Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: 'Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando' ".

  1. esto, Jesús comentó: "Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?".

Palabra del Señor.



Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesús explica en el Evangelio cómo orar sin desanimarse. La parte que más me llama la atención es cuando dice: "¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?, ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar."

Creo que a todos nos viene a la mente decir: "pero si yo pido y no recibo nada. Creo que no me hace caso, que no soy de sus elegidos, etc." En ese momento estamos equivocados y para eso es este Evangelio. Debe de haber en nosotros una gran fe para no desesperarnos.

¿Por qué nos desesperamos? Porque siempre queremos que Dios vaya a nuestro ritmo y es al revés. Somos nosotros quienes debemos llevar el ritmo de Dios en nuestras vidas. Yo me imagino que es como los videojuegos, donde tienes que ir recolectando monedas u otras cosas; ellas se encuentran en ciertos lugares y no podemos hacer nada para que aparezcan antes, debemos seguir caminando. Debemos saber, también, que dentro de ese caminar sin recibir nada se encuentra una gran lección para cada uno de nosotros.

También no recibimos una respuesta porque muchas veces no sabemos cómo pedir. Pedimos cosas que en realidad no necesitamos, que son puros caprichos. Debemos de ir aprendiendo a pedir junto con el Espíritu Santo. Él sabe muy bien qué es lo que en verdad necesitamos.

Llevando el ritmo de Dios, todo nos será dado, pues iremos caminando de su mano. Ya sabemos que nuestro tiempo no es el mismo tiempo para Dios, por eso debemos de esperar sin desconfiar.

Para la oración de intercesión se necesitan dos cosas: coraje, es decir, parresia, coraje y paciencia. Si yo quiero que el Señor escuche algo que le pido, debo ir, e ir, e ir, llamar a la puerta y llamo al corazón de Dios, porque mi corazón está involucrado con ello. Pero si mi corazón no se involucra con esa necesidad, con esa persona por la que debo rezar, no será capaz ni siquiera del coraje ni de la paciencia.
Pedir al Señor la gracia de rezar frente a Dios con libertad, como hijos; rezar con insistencia, rezar con paciencia. Pero, sobre todo, rezar sabiendo que yo hablo con mi Padre y mi Padre me escuchará.
(Homilía de S.S. Francisco, 15 de marzo de 2018, en santa Marta).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Buscar un tiempo para estar con Jesús Eucaristía y pedirle la gracia de poder escuchar lo que Él quiere que le pida y que es lo que más necesito.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.