Febrero 2008

ImageDice Exupery en su libro “El Principito”, que lo esencial de la vida, de las personas, de los acontecimientos…. “es invisible a los ojos, sólo se ve bien con el corazón”.

Según esta bella afirmación, lo esencial de la Semana Santa, sólo se ve bien con el corazón.

Se requieren unos ojos muy profundos y un corazón muy despierto para poder ver y vivir lo que se celebra en estos días llenos de misterio divino: Un amor de Dios que se entrega hasta  la muerte; un Amor divino que se queda con nosotros todos los días hasta el fin del mundo en la Eucaristía; y un Amor que nos  llama a vivir de tal forma que con Él  resucitemos para siempre.

ImageCon motivo de estos días benditos de la Semana Santa, en diversas ciudades y pueblos las Cofradías ofrecen a los fieles un Programa de Semana Santa.
    
Invitamos y nos invitamos a hacer un programa personal para estos días santos:

    1.- ¿Cómo  son nuestras actitudes y posturas interiores ante las celebraciones de estos días?

    2.- ¿Prevalecen los sentimientos de dolor y  sufrimiento sobre la  confianza, la esperanza y la resurrección?

ImageSirva este pequeño extracto de la riqueza infinita que contiene el día de Jueves Santo:

1.- El lavatorio de los pies de los discípulos:

Fue una expresión de amor divino-humano hecho con ternura, humildad y servicio.
   
Jesús se levantó de la mesa”, “se quitó el manto”, “echó agua en la jofaina y comenzó a lavar los pies de los discípulos”:

Dios es un pan inmenso, inagotable,
tierno, fraterno, nutritivo, gratuito,
puesto en la mesa del mundo.
Es el pan de los pobres y de los peregrinos,
Pan divino.

Cristo es pan partido, roto, entregado,
amasado en amor y cocido en el fuego del Espíritu,
viático y medicina de inmortalidad,
pan para la comunión y la entrega.

ImageResumimos el misterio de la Encarnación de Dios con una frase: “La Palabra se hizo carne”.

Podríamos también resumir  el misterio de la Cruz de Cristo con esta  otra frase: “La Palabra se hizo sangre”.
    
La sangre es el símbolo de la vida. Por eso Cristo derramó su vida por nosotros. Es la señal del  mayor Amor.

La sangre de Cristo derramada es el signo del amor más grande, de la paciencia, misericordia y perdón infinitos.

Oh, Jesús, Maestro y Amigo,

Esposo único y universal,

enséñanos a amar,

pero con un amor así de grande

como el tuyo.

 

Enséñanos a amar con ternura

y con pasión,

hasta provocar incendios de misericordia.

 

ImagePascua es “la muerte de las muertes” ¿Donde está la muerte? Búscala en Jesucristo y no la encontrarás más. En él está muerta. ¡Oh, Vida, muerte de la muerte!

Tened valor…Comenzada en la Cabeza, la obra continuará en sus miembros. La muerte morirá también en nosotros…Oh, muerte, cuando te echaste sobre Él, dejaste de vivir en mí.

Esta salvación la poseerá el que se bautizado”

                                                            (S. Agustín)

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