Virgen del Carmen, patrona de Almodóvar del Campo Para nosotros, que tenemos como Patrona a la Virgen del Carmen y para todos los que de alguna manera están vinculados a la Orden del Carmen, ofrecemos un muy breve resumen de lo que es la riqueza de la espiritualidad carmelitana:

Espiritualidad de un religioso carmelita

La vida profundamente mariana (amor a Maria, Madre de Dios y nuestra), juntamente con el espíritu de San Elías, la intimidad divina y el apostolado constituyen las cuatro notas esenciales de la espiritualidad de un carmelita.
  • Asociados, por la gracia de Dios, a los “Hermanos de la Bienaventurada Virgen María”,  con  la que viven en comunión, forman una familia que camina hacia la plenitud de la caridad, hacen vida en común, con un fuerte espíritu de oración y contemplación y el apostolado en todas sus vertientes.
  • María, para un carmelita, es modelo de oración y abnegación; mujer entregada en alma y cuerpo a la escucha y contemplación de las palabras del Señor, siempre dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo y asociada al misterio pascual de Cristo por el amor, el dolor y el gozo. Este modelo de la Orden estimula al carmelita a seguir sus pasos y configurar su vida.
  • María, por su pureza y disponibilidad hacia Dios, es “la Madre y decoro” del Carmelo, es  fuente de inspiración para vivir la fe, la caridad y la unión con Cristo.
  • La Virgen en la Orden  ha recibido diversos nombres: “La Superiora de la Orden, la Gobernadora del Carmelo, la Madre Abadesa Primada del Carmelo”. Y, por tanto, los religiosos son  llamados “los domésticos-familiares- particulares de María”.
  • También es llamada  la Virgen: “Legisladora, Fundadora, Señora  y  Creadora, Madre, Hermana, Patrona, Princesa de  toda la   familia  de  Elías, Defensora, la  Cabeza, Guardiana, la Auxiliadora y la Porta-bandera del ejercito del Carmelo. Pero, entre todos los títulos, hay uno que prevalece: “Madre” y “Reina”. (Sta. Teresa, poco antes de morir, dijo: María es más Madre que Reina”)
  • El Carmelo es apostólico, pero sobre todo es escuela de vida interior. En esto, María es modelo perfectísimo del Carmelita: María es la suprema contemplativa ( Luc. 2,19), es la Reina de los apóstoles.

Tomás Merton, el conocido converso cisterciense, escribió: “Bajo el título de Nuestra Señora del Monte Carmelo, la Santísima Virgen es venerada como Patrona de los contemplativos y sobre todo de los que procuran dividir con otros los frutos de la contemplación.

El fin de la Orden fundada en su honor es  hacer alcanzar a sus miembros, bajo su guía, las cimas de la contemplación mística, y  hacer conseguir también a otros este mismo fin por su intercesión. Por eso, no hay miembro en la Iglesia que no deba algo al Carmelo”.

Y Roberto de Langeac dijo:

“Nuestra Señora del Monte Carmelo es la Patrona de la vida interior, la Virgen que nos separa de la masa y nos conduce dulcemente hacia  las cumbres en las que el aire es más puro, el cielo más claro, Dios más cercano… Allí donde se vive la vida de intimidad con Dios”.

  • “Ser devotos de la Virgen del Carmen, significa no sólo vestir el Escapulario, sino sobre todo llevar a María Santísima en el corazón; significa imitarla en sus virtudes, ser fieles seguidores y ejecutores de las santas leyes de Dios” ( E. Nicodemo. Arzobispo de Bari- Italia).

Espiritualidad de los seglares carmelitas

Es la misma del Carmelo. El cardenal Piazza, Carmelita descalzo, refiriéndose a todos los afiliados a la Tercera Orden secular o regular, a los asociados a las Cofradías en honor  de la Virgen del Carmen, escribió:

“Es superfluo decir que el elemento esencial es precisamente la devoción a María: devoción que tiene, para nosotros, tonalidades afectivas especiales, íntimas y, en cierto modo, familiares, como a Hermana y Madre tiernísima. Toda la historia del Carmelo justifica el título, atribuido a los carmelitas, de Hermanos de la Virgen…

Conservar, por tanto, este vivo y dinámico espíritu mariano, en la humildad y en el recogimiento, en la contemplación y en la plegaria perseverante, en la integridad de vida y en la asidua mortificación, en la fidelidad consciente a los propios deberes y fervor de las obras de caridad y de celo es el empeño del terciario carmelita

Estas dos características de la espiritualidad carmelitana- vida interior y vida mariana- serán los fundamentos para que su apostolado sea verdaderamente eficaz.