Presentación de las Publicaciones de Septiembre 2008. Amigos de la Historia de Almodóvar del CampoLa Asociación Cultural Amigos de la Historia de Almodóvar del Campo, presentó el II Volumen Programas de ferias y fiestas de Almodóvar el Campo. Tuvo lugar en la bodega del Cacho, el pasado día 13 de Septiembre-2008. Acto en el que fue invitado de honor José Luís Arteche Sendarrubias; ocasión que aprovechamos para realizar esta entrevista.
     
P.- ¿Quién es José Luís Arteche?

R.- Ante todo un almodovense que siempre ha llevado a Almodóvar dentro, en el corazón. Soy hijo de Andrés Arteche que fue alcalde de Almodóvar. Supongo que todos los que tenéis más de 60 años sabréis quién soy e incluso recordaréis cosas mías que yo no recuerdo, puesto que mi infancia en Almodóvar del Campo fue intensa y emotiva.

P.- ¿Qué recuerda de Almodóvar?

R.- Mi vocación de niño. Yo quería ser gañán. A pesar de lo bruto, díscolo y desobediente que fui, Dios me dio también un corazón que se emociona con muy poco y sólo el hecho de pensar que iba a venir a Almodóvar, pasear por la calle Toril y recordar la que fue  nuestra casa,  hoy  UNI-CAJA, recorrer esa corredera y tantas calles emblemáticas de mi Almodóvar, se agolpan en mí tantos y tan variados recuerdos…

P.- Cómo se siente hoy?

R.- Emocionado; hablar de mi pueblo y en mi pueblo de la época en la que fui tan feliz, tiempos durante los que mi padre Andrés Arteche era el Alcalde de la localidad, recuerdos que, cómo fácilmente comprenderéis, me llenan de nostalgia y emoción.

P.- ¿Cómo fue su infancia?

R.- Mi infancia fue como la de todos los niños de mi edad: coger grillos por la noche, cazar cernícalos en la torre y echarnos pedreas en el arroyo de las chorreras.

Siendo pequeñajos preferíamos la feria de marzo con sus cacharritos, sus quioscos de chucherías y de música, que el público podía solicitar al director de la banda que la dedicaba a algún amigo o familiar.

Las fiestas de septiembre, quitando los encierros, ofrecían poco aliciente a los más pequeños. Pero el tiempo puso las cosas en su sitio y empezamos a interesarnos por las niñas y los bailes.

Entre los encierros y los toros, y pedir las llaves en las corridas la feria de septiembre de mi pueblo fueron para mí acontecimiento inolvidable e irrepetible de lo que siempre me he  enorgullecido.
   
P.- ¿Pedir las llaves en las corridas?

R.- Yo tuve el honor de ser uno de los últimos en correr los toros a caballo por la Corredera hasta la plaza. Después de haber dormido con los toros en los Ardales; bueno, dormir es un decir, porque entre los cencerros de los cabestros y los nervios, no pegábamos ojo. En estas lindes “vaqueras” mi consejero, Eduardin Cervera, me recomendaba entrar arreando fuerte tanto a la ida como a la vuelta, para servir de aviso del peligro de la llegada de los toros y que los espectadores y corredores se apartaran con el ruido de los cascos del caballo.

A continuación y después de cerrar los toros, había que ir corriendo a arreglar el caballo para pedir las llaves en la corrida. En mi caso concreto y en el de mis hermanos, empezábamos a participar en las corridas mucho antes de que llegaran los espectadores y se iniciara la misma. Como las ventanas de nuestra casa daban a los toriles, hacíamos lo posible por pincharles a los toros banderillas con alfileres que lanzábamos con canutillos. Los toros apenas se daban cuenta y salían a la plaza con las banderillas para gran satisfacción nuestra.

Uno de los recuerdos más emocionantes de mi juventud era ese paseíllo en la plaza y el orgullo al oír el aplauso de mis paisanos al recoger con mi sombrero, las llaves que desde el balcón del ayuntamiento arrojaba el alcalde. Orgullo que se convertía en bochorno con la consiguiente pitada del público cuando se me caían al no acertar en su recogida. Y en otra ocasión, furioso y maltratado por mis paisanos, cuando tras recoger limpiamente las llaves, se rompió la copa del sombrero y se cayeron al suelo.

Después de los encierros llegaban las novilladas, se llenaban los tablaos de la plaza de familias enteras de Almodóvar y de forasteros, algunos de estos eran personajes de la política nacional y provincial invitados por las autoridades, lo que convertía las corridas en un acto social de prestigio.
   
Presentación de las Publicaciones de Septiembre 2008. Amigos de la Historia de Almodóvar del CampoP.- ¿Nunca corrió los encierros a pie?

R.- Si, si también… En una ocasión cogimos entre varios una vaca por los cuernos y, a través del bar de “Polpi”, la sacamos a la calle de teléfonos, donde la soltamos. El animal volteó el carrito de los helados, generando tal conmoción que tuvimos que devolverla a la corredera por el mismo camino, mientras Polpi se defendía de la invasión con un sifón, tras la barra.

P.- El Primer Baile.

R.- Tras las corridas nos aseábamos convenientemente y nos íbamos a la verbena. Había dos: la de la glorieta del Carmen y la de la calle Ancha. Mi pandilla de amigos eran: Josefina Posadas, mi cuñada Conchita Carrión, Paquita Muñoz, Jesús Fernández, Juanito Arias, Miguel Valero y el “juecito” Paco Muñoz Guarasa y Piedad Soler, que me enseñó a bailar el pasodoble con la raspa; pasábamos de una verbena a otra, divirtiéndonos igualmente.

P.- Cómo era la vida de estudiante.

R.- Yo era un mal estudiante, como os he dicho antes, yo quería ser gañán. Mi padre me castigaba, considerando que algo tenía que hacer para convencerme de que ser “gañán” no era una profesión con futuro. Al llegar las notas, que a mi me mandaban semanalmente, mientras que a los demás se las mandaban al mes. Mi padre me mandaba al Ayuntamiento a pedir de su parte la porra al municipal de guardia, que sabía perfectamente para que quería mi padre la porra. Tras utilizarla, eso sí, procurado causar más miedo que dolor, me hacía devolverla al mismo guardia y darle las gracias, que dolía en el amor propio. Pero ni aún así consiguió  alterar mi verdadera vocación; mi amor al campo y a los animales y mi odio a la “letra redondilla” ganaron todas las batallas.

Fue precisamente este amor al campo, a los animales, a los trabajos agrícolas, el que ha mantenido vivo en mí, muchos recuerdos…

Si, recuerdo muy bien aquel Almodóvar con ese casino siempre lleno, por las mañanas, los mayores leyendo el periódico, al medio día las copitas y las tapas y por las tardes dominó y cartas. En aquellas tertulias se mezclaban todas las clases sociales de nuestro pueblo.
   
P.- ¿Cómo recuerdas,  cómo viviste, la época de Andrés Arteche como alcalde.

R.- Recuerdo una ocasión en que mi padre hospedó en nuestra casa a los ingenieros que tenían que aprobar el proyecto de construcción del silo de nuestro pueblo. El Servicio Nacional del Trigo decidió montar silos en los pueblos más cerealistas de España y el nuestro fue uno de los elegidos con un proyecto de silos de cuatro tubos. Con este motivo y para ganar su mejor disposición, los llevó a la huerta de Arteche, aún creo que se llama así, y los homenajeó hasta el extremo de conseguir que en lugar de cuatro tubos de silo se hicieran ocho.

Recuerdo también cómo en aquella época, en la que los alcaldes no tenían ningún sueldo y el presupuesto de los ayuntamientos, al menos el del nuestro, era de risa, él, con generosidad y por cariño a su pueblo, recibía en nuestra casa a todas las personalidades que venían a Almodóvar por distintos acontecimientos.

Abría las puertas de nuestra casa poniéndola a disposición del ayuntamiento con la inestimable colaboración de mi madre.

Era también mi padre un enamorado de la naturaleza y en colaboración con la hermandad de labradores, sembraron árboles en todo el arroyo y camino del Terrero; emitiendo un bando municipal en el que advertía que serían fuertemente multados aquellos que rompieran algún arbolito. Y, mira tú por donde, el primer multado fui yo, y estuve expuesto durante un mes en la pizarra del ayuntamiento donde se anotaban las infracciones, previo pago de la multa y con el consiguiente ridículo, para que quedara claro que no había favoritismos. He de decir en mi descargo que no fui yo el infractor, pero mi padre con buen criterio prefirió creer antes al guarda que a mí.

Enamorado de las tradiciones de Almodóvar le gustaba especialmente el carnaval, pero en aquella época estaba terminantemente prohibida su celebración. Como la responsabilidad era suya, para indicar al personal que empezaban las “prohibidísimas” fiestas, se ponía  una chistera, una capa, una nariz postiza y una flor en la solapa.

Recuerdo perfectamente verlo pasear solo, por la plaza desde el balcón de mi casa y, a las dos horas, el pueblo se llenaba de máscaras y entusiasmo, celebrando el carnaval con bailes en el casino, el  almacén del trigo de la Electro y en San Benito.

Presentación de las Publicaciones de Septiembre 2008. Amigos de la Historia de Almodóvar del CampoP.- En su infancia, nos cuenta  cómo su padre fue un hombre justo pero severo y firme en la educación de sus hijos. ¿Qué sentimiento guarda de él?

R.- Ante todo orgullo, el orgullo de haber sido hijo suyo.

En una ocasión, siendo alcalde de Puertollano Emilio Caballero, muy amigo de mi padre, solicitó con razón el traslado del Juzgado a Puertollano, ya que la mayoría de los casos eran de allí.

En aquella Almodóvar concurrían todo tipo de personas ya que era Juzgado de 1ª instancia y lógicamente coincidían de nuestro pueblo y de fuera, abogados, procuradores, registradores, notarios y todo el personal  necesario en un juzgado.

Podéis imaginar lo que en un pueblo de la España rural de aquella época, suponía todo ese “ajetreo judicial”. Este juzgado le daba a nuestro pueblo vida social, cultural, nombre y fama; tanto que era envidiada por nuestro vecino Puertollano.

El mantener el juzgado en Almodóvar, cada día se hacía más difícil.

Recuerdo con satisfacción y orgullo haber acompañado a mi padre a Madrid a ver al Ministro de Justicia, para defender los derechos de Almodóvar ( la salud de mi padre era muy precaria, le impedía viajar solo) fue tan abrumadora la exposición que hizo de la historia de Almodóvar, tan amplia la descripción de todos PROHOMBRES, Santos, Beatos, intelectuales, que le presentó al Ministro, que a éste no le quedó más remedio que prometerle que, mientras él ocupara el ministerio, el Juzgado se quedaría en Almodóvar.

Emilio Caballero al enterarse, comentó resignado. “ya sé que mientras tu seas alcalde, Andrés, el juzgado no se mueve de Almodóvar”. Y así fue.

Este pequeño o gran logro de mi padre, demuestra cómo se hacían las cosas a base de esfuerzo y dedicación personal. Como para no querer a un alcalde así, mucho más si es tu padre.

P.- Llega el momento de dejar Almodóvar.

R.- Nos mudamos a Ciudad Real, con gran disgusto por parte de mis hermanos, hasta el punto que al enterarme, estando yo en Madrid, no me bajé del tren en Ciudad Real, sino que continué hasta Almodóvar. Llegué a mi casa, pero la encontré vacía, silenciosa y fría. Avelina me dio alojamiento gratuito en su fonda, cuando le conté mi triste situación que tanto me dolía.

P.- Ese amor al campo, a la naturaleza, sigue vivo en su corazón.

R.- Me montaba en el carro de mi casa cuando iba de faena agrícola, le pedía al gañán las ramaleras y, una vez en mi mano me imaginaba en la feria de Sevilla o de Jerez, con un enganche de magníficos caballos como lo había visto en el NODO.

Igual pasaba en la romería de San Antón, donde iba con mi caballo o con el burro que me prestaba Félix “El sastre” y me engalanaba Miguel “El Delicao”, me transportaba al San Antón madrileño entre magnificas caballos y atalajes.

Con el tiempo, y llevando a mi pueblo por bandera, he cumplido estos sueños, he ido  la feria de Sevilla en mi trono de caballos. ¡Qué curioso! Recordando cuando llevaba  el carro de faena; y a la romería de los animales de San Antón en Madrid, también en mi coche de caballos, recordando con nostalgia aquel burro de mi amigo Félix “el sastre”.
   
P.- A pesar de llevar tantos años lejos, sigue pensando en su Almodóvar.

R.-Siempre que paseo por Córdoba en mi coche de caballos con mis amigos, tengo la honra de pasar por la plaza de los Padres de Gracia, donde se encuentra el convento de los Trinitarios, que guarda los restos embalsamados de San Juan Bautista de la Concepción, reformador de esta orden y paisano nuestro. Y bien alto, para que lo oigan todos, aprovechando la ocasión para dar un pequeño discurso de exaltación de los prohombres nacidos en Almodóvar:

“Aquí está enterrado San Juan Bautista de la Concepción, reformador de los Trinitarios y natural de Almodóvar del Campo, la perla del valle de Alcudia.

Igualmente en Montilla (Córdoba) está enterrado San Juan de Ávila, patrón del Clero Secular; y también natural de Almodóvar del Campo.

Por Córdoba también pasó Ramón Díaz Castellano, el mejor ginecólogo que ha tenido España y que fue director de esta área en el hospital Reina Sofía, para su mayor prestigio. Nacido en Almodóvar del Campo y fallecido para tristeza de todos en esta tierra cordobesa.

Y para terminar, éste que está ante ustedes, humildemente, tiene el honor de ser el primer cordobés, natural de Almodóvar, que ha ido desde Córdoba al Rocio y desde Córdoba a Santiago de Compostela a caballo. Un recorrido hasta el Rocio que para homenajear especialmente a mi pueblo y en compañía de mi inolvidable amigo Jesús Vera, iniciamos, no en Córdoba, sino en Almodóvar, llenándome al pasar por esos campos de tantos y tantos recuerdos entrañables.

Desearía  que mis recuerdos, hubieran servido para despertar los vuestros y, especialmente entre mis contemporáneos, revivir la Almodóvar que tanto quisimos.
    
A los jóvenes de Almodóvar: la nostalgia de nuestra juventud, en ocasiones, nos hace pensar que, como dice el refranero; “cualquier tiempo pasado fue mejor”, creemos que en nuestra época se vivía con más valores, con más alegría, en definitiva, con más intensidad, pero en vosotros está demostrarnos que nos equivocamos, haciendo con vuestro esfuerzo y vuestro trabajo de nuestro pueblo, un lugar grande.

Nuestra gratitud a este paisano entrañable, que  nunca quiso desprenderse de Almodóvar, llevándola siempre en su corazón.