Hna. María JoséEl 15 de Agosto  fue un día muy especial para mí. En la festividad de la Asunción de María a los cielos emití mi  promesa de vivir para siempre los votos de Castidad, Pobreza y Obediencia en esta familia Religiosa Misionera Comboniana aquí en la misión donde he sido enviada, Muisne.

Esta vida es la que he elegido y la que quiero vivir cada día. Si se preguntan el motivo, les puedo decir que me encuentro muy cómoda en ella, sintiéndome que soy yo misma y respondiendo a la construcción de mis sueños y proyectos, y además porque viviéndola me siento muy amada.

Es una forma de vida en la que se experimenta la ternura de Dios por todos nosotros. 

Es un Amor que me ha  elegido  y no me ha dejado en el camino en ningún momento a lo largo de todos estos años que estoy  viviendo en esta forma de vida.

Es un Amor que respeta mis tiempos y que a la vez empuja a darse a los demás, porque me quiere feliz. Me hace sentir querida por lo que soy.

Este Amor se llama Jesucristo  y  es el que me ha quitado todos los miedos para no tener más vergüenza de reconocer que por Él todo y sin Él nada hay que merezca la pena. A Él me abandono completamente.

Es vivir una vida en la que la persona, el otr@, sea el centro, y no mis gustos o intereses. Esta es la manera en la que encuentro cada día mi bienestar.

La celebración del día 15 de Agosto la sentí vivida con mucho cariño por parte de todas las personas que asistieron.  

El pueblo estaba expectante, pues era la primera vez que el obispo celebraba unos Votos Perpetuos en la parroquia.

Hna. María José¡Cuántas veces la gente me ha preguntado  emocionada por qué los elegí a ellos y a Muisne!

Participaron activamente, con mucha ilusión; de igual manera mis hermanas Combonianas que hicieron de todo lo posible para que la fiesta fuera bonita e inolvidable.

Pero quien puso el broche de oro fueron los invitados de honor, mis padres, que llegados de España me hicieron sentir muy acompañada y sostenida, transmitiéndome el cariño de todos vosotros que en la distancia estabais también celebrando este día.

A todos un gracias de corazón.  Los he sentido muy cercanos espiritualmente y aunque la Providencia de Dios me haya traído a estas tierras, pero mis raíces están bien plantadas y  no las olvido.

Ahora me queda seguir viviendo mi entrega al Señor con alegría. Por el momento también estoy disfrutando de la presencia de mis padres, que serán luego para vosotros los mejores embajadores de lo que están viviendo en estas tierras.

Me despido hasta la próxima.

Un fuerte abrazo.

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Desde la Parroquia, tu parroquia, te felicitamos, querida Maria José: Te has consagrado a Dios para servicio total de los hombres, especialmente los más necesitados.

¡Qué alegría para tu corazón joven poderlo  entregar totalmente a los demás! Y ¡qué gran testimonio para tantos jóvenes y para todos!

Un gran teólogo español Olegario González de Cardedal escribía a su hermana, que se había consagrado a la vida religiosa:

“Lo que falta en el mundo no son productos, sino alma; lo que necesitan los hombres no son cosas ni armas, sino esperanza; y a eso te has consagrado tú, a ser suplemento de alma en el mundo y engendradora de esperanza para los hombres; por eso eres virgen y madre, sin poner fronteras a los hijos de esa tu virginal maternidad universal…

Mantener vivo el recuerdo de Dios, hablarnos de Él no de memoria como un ausente, sino de corazón como de un presente; comunicar y contagiar instinto de Dios y, frente a todos los  intentos en  contrario mantener vivo el evangelio, esa es tu tarea… Tú perteneces a la generación de los  “violentos” que fuerzan el reino de Dios a venir a los hombres y a la tierra…”

Enhorabuena, querida Maria José, y un abrazo muy grande y sentido de toda la comunidad parroquial de Almodóvar a la que estás tan estrechamente unida.