No había sitio para que él naciera1. Si Jesús hubiese nacido deportista de élite hubiese probado de primera mano y sin el menor síntoma de dolor, las mieles del triunfo, de la fama y del dinero.

Y sus hinchas le hubieran seguido fielmente allá donde fuese, aclamándole y demostrándole en todo momento su más acérrimo apoyo.

2. Pero no, Jesús no tenía sitio. Fue “condenado a chupar banquillo” junto a los reservas, junto a los que no contaban ni para el mister ni para la afición.

3. Si Jesús hubiese nacido cantante, se hubiese dado cuenta cómo en poquito tiempo se puede pasar del más insignificante anonimato a la más laureada fama, y sin pasar por tanta cruz.
Además sus fans se pasarían horas y horas tarareando y aprendiéndose al dedillo sus letras…

4. Pero no, Jesús no tenía sitio.

¿Sus escenarios? Encima de una barca, en un despoblado, en caminos sin asfaltar…

Para que se hagan una idea: comenzó su gira en un pesebre y la terminó (bueno, eso de terminar es un decir) en una cruz.

5. Si Jesús hubiese nacido “estrella rosa”, hubiese podido transmitir su mensaje todos los días, a todas las horas y en todas las cadenas, de manera que sus teleadictos se hubieran impregnado de su vida y de su mensaje con gran facilidad…

6. Pero no, Jesús no tenía sitio. Su plató dejaba mucho que desear y en sus apariciones siempre había alguien con la intención de pillarle y conducirle a la ruina.

7. Si Jesús hubiese nacido político, hubiese tenido todas las posibilidades del mundo para dar a conocer su programa.
Y probablemente hubiese obtenido la mayoría absoluta de sus electores llevando a buen puerto su proyecto…

No había sitio para que él naciera8. Pero no, Jesús no tenía sitio.

La ley del Amor que vino a instaurar fue rechazada una y otra vez por los grandes de este mundo, pues su programa iba dirigido especialmente a los más pequeños, a los más débiles, a los que no poseían ni voz ni voto.

9. Si Jesús hubiese nacido “gran hermano”, se hubiera ahorrado esas largas caminatas y, en una hermosa casa, con un poco de astucia, en tres meses sus defensores (aquellos que semana tras semana le habían depositado toda confianza)  no harían otra cosa que hablar de Él en el trabajo, en casa, en los bares… ¡Vamos, que pasaría a ser uno más de la familia!...

10. Pero no, Jesús no tenía sitio. Ni donde reclinar la cabeza. Además, en su familia (los que escuchaban la Palabra de Dios y la cumplían) había demasiados “elementos sospechosos”: pecadores, mujeres mal vistas, traidores, enfermos…

Sí, amigo, Jesús no tenía sitio. Ni tenía buen toque, ni buen oído, ni un atractivo deslumbrante, ni dotes de político y, además, se aburría si pasaba mucho tiempo en casa…

Por eso Jesús no encontró sitio y entonces…

Entonces acudió a ti.

Sí, amigo, Jesús en esta Navidad quiere nacer en ti, quiere ser uno de los tuyos…

¡No me digas qué tampoco tú tienes sitio!