Juan Pablo II El domingo 1 de mayo de 2011 se elevará a los altares a Carol Wojtyla, domingo de la Divina Misericordia. Bien merece que dediquemos unos momentos para la reflexión.

Cuando murió Juan Pablo II aparecieron unas pancartas que decían: “Santo ya”. En aquel entonces pensé que la beatificación iba a llegar inmediatamente. No ha sido así. La Iglesia es prudente y mide sus pasos. No en vano tiene más de dos mil años.

¿Quién fue Juan Pablo II? Su nombre es Karol Józef Wojtyla. Nació en Wadowice, Polonia, el 18 de mayo de 1920 y murió en la Ciudad del Vaticano el 2 de abril de 2005. Fue el primer Papa polaco en la historia. Su pontificado duró 26 años, uno de los más largos que ha tenido la Iglesia.

Hay muchas cosas notorias que no podemos olvidar al recordar a Juan Pablo II. Sin duda alguna ha sido uno de los líderes del mundo más influyentes en el siglo XX. Jugó un papel muy significativo en la caída del comunismo en su patria natal. Por el efecto dominó la ideología marxista se cayó como un castillo de naipes en Europa. Por eso, se recordará al Papa polaco en el futuro como uno de los símbolos del anticomunismo.

Fue un Papa viajero. No creo que exista un Pontífice que haya hecho tantos kilómetros. Visitó 129 países y hablaba varios idiomas. En este campo tenía una facilidad especial. Aprovechó estos viajes para entrar en comunicación con los gobernantes de todo el mundo, con todas las culturas, razas y pueblos de la tierra. Y sobre todo para anunciar a Jesucristo. Algunos lo han comparado con el gran San Pablo en este sentido.

Karol era un hombre luchador. Ganó muchas batallas. La primera la hemos dicho, el comunismo. No era fácil el papel de un cura y un obispo en un ambiente tan hostil a la religión.

En la cárcel de Roma, el Papa perdona a Alí Agca que quiso asesinarle Otra batalla que libró fue el atentado que sufrió en 1981, mientras saludaba a los fieles en la Plaza de San Pedro. El intento de asesinato fue ejecutado por Ali Agca, nacido el 9 de enero de 1958 en Turquía. Cuando el Papa se recuperó, visitó en la cárcel a su agresor. Esta foto dio la vuelta al mundo. También aquí venció Carlos Wojtyla.

Con Juan Pablo II empezaron las Jornadas Mundiales de la Juventud. Pienso escribir un artículo sobre esta realidad, para que se conozca más y se valore. La institución humana que congrega más jóvenes es la Iglesia. Las Jornadas, como toda obra humana, tiene sus fallos pero existen muchas cosas positivas.

El año 2000 del 15 al 20 de agosto, Roma albergó a más de dos millones de jóvenes. El éxito fue tan rotundo que las Jornadas Mundiales de la Juventud se han quedado como algo institucional en la Iglesia. Esto es una herencia de Juan Pablo II.

“No resulta en absoluto casual que el carisma de Karol Wojtyla haya germinado de una manera especialmente fecunda entre la juventud.

Los jóvenes, que poseen un agudo sentido de la autenticidad, capaz de detectar cualquier fisura en la coherencia moral, han identificado en el Papa polaco un paradigma de integridad universal válido por encima de diferencias doctrinales o culturales, y han comprendido el enorme valor de su compromiso personal con el Bien.

Ellos, tan sensibles a la hipocresía social y a la doblez frecuente en la escena pública, han sabido entender el inmenso ejemplo del Papa en la defensa de la justicia y su inequívoco empeño de responsabilidad en la construcción de un mundo ordenado conforme a los principios de la moral y de la fe”.

(Ignacio Camacho).


Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011 El Papa Wojtyla beatificó a 1.340 personas y canonizó a 483. Entre todos éstos, los españoles no nos quedamos atrás. Pero lo más interesante es que Juan Pablo II vio que la vocación del creyente es la santidad y el mejor programa para el futuro de la Iglesia es promover la santidad de sus miembros. Sacó a la santidad del museo y la puso en medio de la plaza pública y en la vida ordinaria. Ahí está la originalidad.

El Papa Juan Pablo dio a todos los cristianos el orgullo de ser creyentes. No tuvo miedo de nada ni de nadie. Una de las realidades más queridas era su fe en la persona de Jesús. Y esto lo contagió a todos los que entraban en comunicación con él. Como consecuencia de esta seducción por Cristo dedicaba tiempos prolongados a la oración. Cuentan algunos de los que vivieron cerca de él que muy temprano lo encontraron postrado en la capilla. Incluso en los viajes dedicaba mucho tiempo al diálogo con el Señor.

Falleció el 2 de abril de 2005 a las 21.37 (hora italiana). Narran que sus últimas palabras fueron: “Déjenme ir a la casa de mi padre”. Por todas estas cosas que he mencionado  me extraña que a su muerte apareciera en la Plaza de San Pedro esta pancarta: “JUAN PABLO II EL MAGNO”.