Una carta y otra Un año con San Juan de ÁvilaEntre las miles de cartas que escribió San Juan de Ávila, dirigidas a toda clase de personas, de distintos estados, culturas, trabajos y ocupaciones, algunas llaman más la atención por el asunto que tratan o por la exten- sión de las mismas.

El 12 de septiembre de 1568 escribe a Santa Teresa comunicándole que ha leído el escrito de su Vida, escrita por ella misma, y que se la había mandado valiéndose de Dña. Luisa de la Cerda, muy amiga de ambos.

¿Puede publicarse el libro de su Vida?». Responde San Juan de Ávila: «El libro no está para salir a manos de muchos porque ha menester limar palabras de él en algunas partes; en otras declararlas, y otras hay que al espíritu de vuestra merced pueden ser provechosas y no lo serían a quien los siguiese; porque las cosas particulares por donde Dios lleva a unos no son para otros«.

La carta es larga y extensa, pero ya con esta cita podemos sacar conclusiones muy interesantes. Primero, que San Juan de Ávila leyó y muy bien, la vida de la santa. Segundo, que ha sido muy sincero advirtiéndola de los «fallos» circunstanciales. Tercero, que Dios no lleva a todos por el mismo camino, ni usa con todos el mismo método. Lo cual -dice San Juan de la Cruz, el poeta místico carmelita- deben tener muy presente los directores espirituales, si no quieren equivocarse y perjudicar más que santificar.

La misma Santa Teresa, en el capítulo primero primero de las Moradas Sextas, escribe: «Quizá no serán todas las almas llevadas por este camino, aunque dudo mucho que vivan libres de trabajos de la tierra«.

El 2 de Noviembre 1568, Santa Teresa escribe a Dña. Luisa de la Cerda: «El maestro Ávila me escribe largo, y le contenta todo, sólo dice que es menester declarar más unas cosas y mudar los vocablos de otras, que esto es fácil«.

Santa Teresa no quería que se publicase su vida sin que antes la leyese San Juan de Ávila y la aprobase. Si San Juan de Ávila afirma que es necesaria la dirección espiritual para llegar a la perfección, no menos afirma que los directores espirituales han de saber dirigir a las almas.