Niños ídolo
Cuando Jesús dijo aquello tan hermoso: "dejad que los niños se acerquen a mí"; yo siempre me he imaginado que lo que pretendía Jesús era empaparse de la espontaneidad e inocencia de los niños, de la limpieza de unas almas trasparentes en las que podía encontrar sentimientos más puros de los que podían atenazar a los adultos. Y supongo también que le gustaba escucharles, oír cuanto podían decirle de su visión de las cosas, de lo que pensaban e incluso de lo que desconocían porque de alguna manera, hasta del propio desconocimiento, bien puede decirse que surgen las mayores lecciones de la vida.
Quizá en aquellos días en los que Jesús quiso que los niños le hablaran, no se les escuchaba demasiado, se pensaba que eran solamente eso: niños; un error a medias si se piensa con cierta lógica pues, efectivamente, eran niños en su sentido más puro y sencillo pero qué dudaba cabe que valía la pena escucharles.

Si me planteo buscar algo que realmente valga la pena, me tendré que inclinar por lo que, a mi juicio, sea más beneficioso. Sería absurdo consagrar todos los esfuerzos en alcanzar algo que no me llene totalmente.

Al finalizar el mes de enero de este iniciado 2014 hemos tenido la oportunidad de visitar la bella localidad de Córdoba para, durante tres días, compartir con todos los hermanos de las hermandades que conforman la Confraternidad de la Provincia Espíritu Santo, la Convención Nacional de Hermandades y Cofradías Trinitarias que pretende ser la contribución cofrade a la celebración del año jubilar trinitario que está a punto de finalizar.
Aunque no venga recogido en el calendario escolar; aunque las Naciones Unidas hayan escogido otro motivo para reflexionar durante los doce meses…; este año va a ser el año de la Felicidad, el año en el que finalmente, vas a poder decir y pregonar a los cuatro vientos: "Este año estoy siendo realmente feliz!"