Entrevista a D. Enrique Córdoba, sacerdote y misionero
1.- Enrique: haznos una pequeña historia de tu vida.
Saludo a todos los lectores de esta pequeña y rica revista de la parroquia de Almodóvar: también os felicito por la hospitalidad dad a esos miles de peregrinos para beber en las fuentes espirituales de san Juan de Ávila; que vuestro paisano os ayude a crecer en la fe, capaz de colorear la vida en Dios.
Algunos ya me debéis conocer por mi servicio en el hospital de Puertollano en mis diez años de párroco en Argamasilla. Bueno, pues nací en Valenzuela de Ctva; me crié en Almagro; estudié en el Seminario nuestro hasta 2º de teología y, sintiendo la moción de Dios a la vida misionera, me integré en los misioneros de la Consolata.


En el primer aniversario de la Declaración de Doctor de la Iglesia de nuestro querido paisano y Patrono S. Juan de Ávila, hacemos estas reflexiones sobre el doctorado en la Iglesia:
Comenzamos el curso reanudando las vidas y obras de los grandes compositores que ha dado la historia de la música, comenzando con el gran compositor alemán: RICHARD WAGNER.
En estos últimos años me he encontrado con varias personas que han pasado de la increencia a la fe. Son gente que no creían en Dios, pero por unas circunstancias imprevistas se han encontrado envueltas por una presencia misteriosa que se ha adueñado de su vida.
"Que cada uno de nosotros busque agradar al prójimo en lo bueno y para edificación suya. Tampoco Cristo buscó su propio agrado...
El 29 de mayo de 1552, domingo infraoctava de la Ascensión, predica así San Juan de Ávila:
Creo que la importancia del camino vendrá marcada por el lugar a donde conduzca. Cuando se alcanza el final, tendrá poca importancia si ha sido llano o empinado, suave o abrupto, sólo interesará que sea el adecuado.