Un año con San Juan de Ávila. La Carta 56
Germán García Ferreras2013-05-16T19:12:00+00:00
Nos encontramos con unas mujeres devotas -que se confiesan con San Juan de Ávila-que no entienden cómo Dios permite ciertos acontecimientos, enfermedades y trabajos.
No saben cómo obrar con las personas que gozan con el mal de los demás y todo lo critican.
San Juan de Avila les contesta con una carta extensa...
Sabemos valorar la luz cuando salimos de la oscuridad, mientras contamos con ella, nos parece algo tan natural que no nos damos cuenta de que existe.
¡Oh Santa Resurrección! Toda la Iglesia celebra la victoria de Cristo resucitado. Y ojalá que no sólo los creyentes sino todos los hombres pudieran celebrarla, que todos los hombres pudieran ser creyentes.
Por fin, fue la alegría,

Os estáis preparando, hijos míos, para celebrar, un año más, aquel acontecimiento dichoso que iluminó la noche del mundo — ¡feliz alumbramiento!— y cambió definitivamente la historia. Fue el nacimiento del "Sol", cuando las noches empiezan a ser más cortas; y desde entonces los días no han hecho más que crecer.
Tengo el gusto de dirigirme por primera vez a vosotros desde esta ventana de "Iglesia en Almodóvar" para presentarme como párroco a vuestro servicio. Me llamo Juan Carlos y nací en Puertollano hace treinta y ocho años junto a la Virgen de Gracia. Fui ordenado sacerdote en el Jubileo del año 2000; desde entonces he estado al servicio de las parroquias de Campo de Criptana y Argamasilla de Alba durante dos periodos de seis años. Y ahora, mientras Almodóvar y la diócesis se preparan para acoger y difundir el significado del título de Doctor con que será distinguido San Juan de Ávila, el Sr. Obispo me ha encargado la misión de ponerme al frente de este acontecimiento eclesial, para que se convierta en una nueva línea de acción pastoral en nuestra parroquia y en el conjunto de la diócesis.
Imita a la Virgen, que creció de luz en luz; y tras la del alba, tras tus buenos principios, crece en lumbre de luna, para que tu vida pasada, que fue ejemplo de oscuridad y causa que otros pecasen, sea ya lumbre para traer al servicio de Dios a los que están en tinieblas y consideran cómo tú también lo estuviste y ahora estás fuera de ellas.
La muerte y pasión de Jesús acabó en Pascua gloriosa de Resurrección. Si Cristo no hubiera resucitado, "una inmensa miseria se apoderaría de los hombres", afirmaba S. Agustín.